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martes, 17 de abril de 2018

Televisión ochentera: guía para la Generación Perdida



Blogger invitada: Cris Mendoza

A veces me gustaría tener mejor memoria.

Muchos años se me escapan de ser recuerdos y pasan como periodos en blanco. Y no es que los necesite recordar para saber quién soy, qué va, soy quien soy gracias al cúmulo de cada una de esas experiencias vividas, no tengo que recrearlas. Pero, ah, qué bonito es volver a vivir.

Con el pretexto del Día del niño (¡y de la niña también!) estuve tratando de recrear esas noches, tardes y veranos completitos a cargo de la nana ochentera: la tele. Oh, divina compañía de infancia.

No sé por qué la satanizan tanto ahora si nosotros crecimos viendo  horas y horas de Súper Vacaciones en el Cinco y miren qué bien salimos.

Quizá sea la idealización pero tengo la sensación de que la televisión pública –ejem, era la única que existió por muchos años-, tenía una mejor programación. Y es sólo sensación porque hace quizá una década ya que no veo esos canales.

¿Recuerdas las noches de Papá Soltero o Tres generaciones? Y sí, los Caquitos y el Chavo del 8.

Yo crecí con ellos. Pero también, tuve otras compañías: las caricaturas.

Guías inconscientes

Hace poco me di cuenta que muchas personas creamos nuestros arquetipos a partir de esos referencias de infancia... ¡sí!  Las caricaturas se volvieron en nuestros role models, entonces vamos por la vida queriendo ser algún súper héroe, Bilma Picapiedra o Rosita Fresita.

Aprendimos lo que “era la vida” junto con sus aventuras, soñamos con ellos y les juramos lealtad. Eran nuestros y nosotros suyos.

Entonces... imaginen mi shock cuando descubrí dos cosas: mi cercanía con la Pitufina y la falta de súper héroes femeninos. Es decir: súper heroínas.

Fue durante una sesión de terapia. Como no queriendo la cosa, don loquero me preguntó qué veía de niña y como mi memoria es muy mala, le dije lo primero que vino a mi mente: “Me gustaban mucho los Pitufos”.  La caprichosa y solitaria Pitufina. Ella siempre rodeada de hombres pero sin uno solo para ella. Sensual y coqueta, pero sola. Solísima. ¿Les suena?

“Pues te gustó ese modelo y qué crees. Repasa tu historia y compárala con ella”.

Cuando hicimos este análisis casi me da un infarto: ¡ah, caray!, con que de ahí también hay arquetipos.

¿Y la carencia de...?

Y luego, el segundo descubrimiento llegó a mí en la batalla de La tierra de nadie en la película de 2017 Wonder Woman. No saben cómo rodaban mis lágrimas. Descubrí que yo siempre había jugado a ser súper héroe (niño) o a una “heroína”, entre comillas, segundona. Porque los fregones de las series eran hombres.

Chitara

No me convencía Chitara y She-Ra era una triste “ahí les va para que no digan” de He-Man. Era medio chafa, pues. No, era quien yo quería ser. Yo deseaba ser poderosa, protagonista, entre ninja (hombres) y Profesor Gadget (hombre). Sport Billy siquiera, ¡porque él cargaba una bolsa mágica!

Y es que Heidi no la pasaba bien y qué flojera ver Candy Candy. Los trancazos y las aventuras eran de niños. ¿Yo quería ser niño?

Después de ver Wonder Woman me di cuenta que no estaba representada y fue un descubrimiento que le llegó a mi niña,  que se fue volando a la década de los 80.

Estos dos eventos fueron un parteaguas, porque al verlos podía cambiarlos. Algo cambió dentro de mí.

No es que no disfrutara mi infancia, yo fui feliz con esas caricaturas (era lo único que había), pero... ¿habrán influido en quién son ahora? ¿Será cierto eso de los arquetipos que seguí reproduciendo?

Yo creo que sí.

Más allá de las telenovelas y las películas, las caricaturas son maestras que nos llevan de la mano hacia nuestro futuro.

¿A que ya te quedaste con la duda de cuál es tu arquetipo a lápiz y color?

¡Averígualo, dale las gracias y cambia tu chip!

TW crislata

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