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lunes, 22 de enero de 2018

Lujuria: ¿El pecado de la felicidad?



Blogger invitada Diana Lovar

https://misslabellemx.com/

¿Será que la –tan controversial- lujuria en realidad no es tan negativa?… No solo eso, ¿qué tal si en realidad es más sana y necesaria en nuestra vida de lo que creemos? ¿Lo has pensado? Yo sí.

Haciendo una retrospectiva de vida, declaro, sin temor a equivocarme,  que el “pecado” que más he cometido es la lujuria (y lo haría tooodo de nuevo). 

Todos conocemos el aspecto satanizado de la lujuria, lo letal que puede ser y las consecuencias fatales que puede tener llevar una vida entregada a lo “mundano y lascivo” en cualquier aspecto, social, laboral, familiar, etc. pero me centro hoy en toda la dicha y chispa que nos aporta la lujuria.

Comienzo explicando que la lujuria, etimológicamente, en realidad se refiere a la abundancia o lo basto. Aunque normalmente la relacionamos con la lascivia, que es la “lujuria sexual”, por llamarle de algún modo. Como buena mujer sin prejuicios, y muy pocos pelos en la lengua, hablaré de ambos.

 Debería empezar, tal vez, por confesar que mis amores más grandes y las relaciones más importante –y largas- de mi vida han comenzado meramente por lujuria. Creo que la lujuria –sexual-  es como un puntero láser que dirige nuestra atención -de manera casi obsesiva y animal – hacia una persona. Y el que diga que no lo ha vivido miente. 

Una vez centrado tu interés en ese alguien, es que nos damos la oportunidad de ver las reales cualidades que tiene esa persona. Me refiero a todo eso que a largo plazo sí importa: Nobleza, inteligencia, lealtad, empatía… ¿Has pensado cuántas veces alguien en tu vida comenzó como un simple deseo y terminó en amor?

 Ahora pasemos a la lujuria como tal -excluyendo el aspecto sexual de la palabra, y quedándonos con la definición de un abundante deseo por algo-.
Yo sí creo que todo en la vida del humano, todo lo que pensamos, el cómo actuamos y lo que hacemos, esta motivado por una de dos: generar placer o evitar dolor.
Eso hace a la lujuria cambiar de lugar en la ecuación. Pasaría de ser un pecado capital y una emoción negativa, a ser un motor de cambio… un incentivo a lograr lo que tanto deseamos. 

Uno de mis grandes placeres en la vida son las conversaciones profundas –muy profundas- y al charlar con gente que admiro, con personas cuyo denominador común es que siempre (o casi siempre) cumplen sus metas y analizar sus respuestas, me doy cuenta que todas tienen una razón muy fuerte por la cual hacen todo lo que sea necesario para lograr sus objetivos –no importa si este es bajar de peso, encontrar una pareja adecuada, mejorar su situación financiera, viajar por el mundo, llevar una vida más sana…- . ¿Cómo le llamamos a eso? Lujuria. 

Me atrevo a decir que el segundo mayor agente de cambio en nuestras vidas es precisamente la lujuria. ¿Tiene sentido, no?

Claramente todo exceso en la vida puede tener consecuencias fatales, y el exceso de deseo, mal canalizado,  no es la excepción.  Como bien decía Chris Isaak en su clásico Wicked Game It's strange what desire will make foolish people do”  (“Es extraño lo que el deseo hace a la gente tonta hacer”) canción que irónicamente habla precisamente de una lujuria llevada al nivel obsesivo del enamoramiento (no confundir con amor). 

 Supongo que la clave está en darle la importancia que se merece a la lujuria, irla mutando hasta que se convierta en esa “pimienta” que nos hace hacer travesurillas y pasar buenos ratos, cumplir metas y evolucionar como seres humanos.  Pero no darle la importancia suficiente para que tome las riendas de nuestras acciones y nos lleve a niveles insospechados de caos, melancolía y descontrol –que sí, también me ha pasado-…

Y, como me imagino que la curiosidad te mata por saber de los otros pecados, te invito a que pases a ThePinkPoint.mx, para que leas sobre Envidia

http://thepinkpoint.mx/www/c40-columnas/envidia-ese-avergonzado-pecado-que-no-nos-abandona/#sthash.IbccqzhF.dpbs