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martes, 18 de julio de 2017

¡Qué angustia ir al doctor!


Sí, me he sentido así, los últimos días, será porque veo en los consultorios muy poca gente, por no decir, que soy la única que espera al doctor.

 Igual porque el monto que tenía proyectado para el pago de la consulta, de repente se incrementa, igual que las colegiaturas y hágale como quiera.

O por el cúmulo de cosas que me dice el especialista que tengo. Si bien es cierto, que ya estoy en una edad, para necesitar servicio completo, desde alineación y balanceo hasta pintura y hojalatería, me ha entrado, lo que yo digo, la desconfianza.

De nada me sirve que el doctor me diga que bien conservada te ves, si con las noticias que me da, son para envejecer de plano 10 años en un instante.

Y no es porque no pudiera ser cierto, sino porque hay algo, de las muchas cosas que me dice, que hace que mi cerebrito reaccione como el robot de “Perdidos en el espacio” cuidado, cuidado, aléjese.

Si, así es precisamente como me he sentido las dos últimas semanas, ya no sé si el especialista me ve como paciente o como cliente.

Y bueno uno pensaría, si no vas seguido a las revisiones ese es el resultado, pero no siempre asisto muy formal a cada una. 

Pero nada más de  hacer cuentas de todo lo que en teoría  me tiene que hacer, creó que me saldría más barato, comprar una fosa y dejarme ir.