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sábado, 1 de octubre de 2016

Como cuidar la piel en clima frío

El otoño ha empezado con fríos intensos y la piel lo reciente, por lo que la posibilidad de padecer xerosis o resequedad es muy frecuente.

Normalmente son condiciones a las que no solemos darle gran importancia, sin embargo presenta algunos factores que podrían dañar seriamente la salud de nuestra piel.

La resequedad, según los médicos, es un problema muy común en dermatología, y consiste básicamente en una disminución de la capacidad de la piel para conservar un grado adecuado de humedad.

Al llegar los fríos como en este otoño y luego más intensos en el invierno, el problema aumenta debido a la poca humedad de la calefacción, a la disminución relativa del contenido de vapor de agua en el aire externo y a la exposición a los vientos fríos.

Cuando eso sucede, la piel se vuelve oscura y opaca, rígida y áspera, salpicada de escamas. El primer síntoma, por lo general, es la comezón y una ligera aspereza de la piel; luego aparecen pequeñas escamas sobre una base de coloración normal y, finalmente, se rodean de eritema y sobrevienen las fisuras o pequeñas grietas.

Además de los factores climatológicos, hay otros que aumentan el riesgo de adquirir xerosis o resequedad en la piel, tales como los baños muy frecuentes y con agua caliente, el excesivo lavado de las manos y la exposición a sustancias irritantes, especialmente jabones alcalinos.

Para prevenir este problema se deben evitar los jabones comunes, pues destruyen la película lípida que lubrica la superficie de la piel, es recomendable utilizar dermolimpiadores como la línea Emulbase.

Se deben aumentar las precauciones en las personas de edad avanzada, pues está comprobado que todos los mayores de 60 años padecen algún tipo de resequedad en la piel.

Lo más importante es aplicarse un producto que contenga oclusivos, emolientes y humectantes, como la Leche Hidratante de Genové.

Los oclusivos hidratan el estrato corneo (la capa superficial de la piel) y evitan la evaporación del agua transepidérmica; los emolientes suavizan y ablandan la superficie de la piel; mientras que los humectantes se encargan de llevar el agua transepidérmica y el agua del entorno hacia el estrato corneo.
Lo ideal es aplicar dicho producto inmediatamente después del baño, cuando la piel aún está hidratada, y luego repetir la aplicación otras dos veces durante el transcurso del día.