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viernes, 10 de mayo de 2013

Piel, bebé y mamá



Empezar a ser madre no es nada fácil y menos en los primeros meses de vida del bebé, tiempo en el que se forman los primeros lazos y comunicaciones entre ellos.

¿Cómo se logra esto? Es a través de la piel que el pequeño percibe las atenciones de su mamá y capta su amor.

El tacto desempeña un papel fundamental en el desarrollo del niño, señala el profesor Bernard Golse, pediatra,  jefe del servicio de Paidopsiquiatría del Hospital Necker-Niños Enfermos.

La piel del bebé, es un protector de comunicación con el exterior; gracias al número elevado de receptores sensoriales, capta su medio ambiente.

Ya sea calor, frío, dolor o placer, la epidermis siente y el niño adapta su comportamiento a lo que experimenta.

El especialista comenta que esta membrana es la primera en desarrollarse durante el periodo embrionario.

La sensibilidad a las presiones, a las variaciones de temperatura y a los contactos existe desde la vida fetal.

Es por ello que las caricias, los besos, los gestos tiernos de la mamá hacía el bebé, lo confortan y le dan una seguridad feliz.

A lo largo de la gestación, la piel del bebé es acariciada por el fluido en el que está sumergida.


Percibe desde muy temprano las caricias, los movimientos y esta constancia de la estimulación hace que este órgano sea extremadamente sensible y “a la escucha” desde el nacimiento.

En los primeros meses de vida, el sentimiento de seguridad y de bienestar del pequeño se basa esencialmente en los masajes que recibe de su piel.

Después, es a través de ésta y por el tacto, verdadera herramienta de comunicación, que el bebé, y luego el niño, tomará consciencia de su cuerpo. 

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